22/02/2011

¿A quién le amarga un dulce?

Ha creado un cierto revuelo en mi pueblo la lista del PSM para la Asamblea de Madrid por la inclusión en el número 26 de la sempiterna candidata a la alcaldía, doña Victoria Moreno, cuyas expectativas de agarrar el bastón de mando municipal son casi las mismas que las mías de jugar de pivot titula en los New York Knicks. ¿Es algo intrínsecamente malo? No creo. Para uno que se dedica profesionalmente a la política trepar en el escalafón es casi una obligación. Vistos los orígenes y el camino recorrido, la biografía se adorna con un nuevo salto, inconsecuente con el anterior. Si a ello se añade una cierta mar de fondo en la agrupación local -lo de la unidad con la candidata no se lo cree nadie- buscar una salida porsiaca se revela un movimiento astuto. Y, además, a quién no le gustaría ir en un puesto de salida de la asamblea, que levante la mano sin aguantar la risa.
Por eso no entiendo las críticas. En el fondo es un reconocimiento de la imposibilidad de la victoria electoral el 22 de mayo: promulgándose en un puesto externo muestra la poca confianza en alcanzar un cargo que no es compatible con el de ser diputado, siquiera autonómico. Aquí no valdrá el recurso de justificarlo en la sinergia administrativa: no se puede ser alcalde y diputado y ser diputado no ayuda a ser alcalde. Pero espero la excusa de la protagonista. No sé si se ha dado cuenta pero con este gesto se ha unido al selecto club de concejales argandeños que se adornaban con un acta de diputado autonómico, que en este siglo se había reducido a un miembro. Ahora serán dos. Dios los cría...