El ex-secretario general -bien dicho, ex-general secretario- se ha marchado del Pp exhibiendo sus refinados modales, tantos años ejercitados en el pastoreo de los militantes y afiliados, ésos que nunca están a la altura de tan excelso prócer. Ha cerrado la puerta y ha pegado un bufido en forma de carta abierta a los cuatro vientos. Se marcha porque no le han defendido de los insufribles agravios de unos chiquilicuatres asturianos. Agraviado él, que repartía mandobles a diestro y a siniestro, amparado por la barra libre que le permitía Aznar, para que ejerciera de la manera más férrea posible la democracia interna, esa que adorna los estatutos. Todo porque le han impedido encabezar la candidatura del partido en Asturias, cosa de la que me alegro una enormidad. Fiel a su estilo conciliador había prometido pasar a cuchillo -metafórico- a toda la cúpula dirigente asturiana, personajillos que no están a la altura de semejante talento. Le habían sugerido una componenda -lo normal, no mucho más- y él había dicho que después de separar las cabezas de sus cuerpos, prometía no quemarlos en la hoguera -metafórico todo- y entregarlos a sus deudos. Y Rajoy ha dicho no, y está muy bien dicho. Que si se aburría que jugara a la petanca. O montara en globo. O le diera de comer a las palomas en el parque. De ahí la rabieta. O mando o me piro. Que el partido nunca estará a su altura. Ni falta que hace.
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